Los que me conocen, o, incluso, los que en ocasiones amablemente me leen, saben que soy muy crítico con el sistema educativo porque – como muchos otros- estoy convencido de que la competitividad de los países depende de su sistema educativo y, por supuesto, en el caso de nuestro país, ésta pasa necesariamente porque seamos capaces de reinventar la forma y manera de cómo preparamos a nuestros jóvenes.

Nuestro sistema educativo ha hecho pocas cosas bien, una de ellas ha sido promocionar y contribuir de manera decidida a poner en marcha programas como el que encabeza esta tribuna titulada con cierta ironía Orgasmus en vez de Erasmus, porque es lo que algunas mentes malintencionadas piensan que es este tipo de programas educativos. De nuestro país, en los prólogos de los rankings mundiales de educación aparecen siempre dos o tres business schools entre las mejores del planeta, mientras que nuestras universidades no aparecen hasta los últimos renglones del epílogo.

Me he pasado años y años trabajando – perdón, quería decir, disfrutando – del mundo de la consultoría en entornos internacionales, tiempo el el que he podido observar y comprobar qué tipos de profesionales son los más adecuados para competir en un contexto productivo globalizado en el que hay que hacer proyectos en cualquier parte del mundo, es decir, allí donde esté o quiera la empresa con la que estás ejecutando el trabajo.

En esta situación de aprendizaje excitante y permanente como es el de trabajar en una gran consultora – para mí el mejor -, he comprobado qué personas destacan y lo hacen por encima de los demás. Sin esgrimir datos contrastados ni cuantificados en este caso, más que la experiencia de la edad y el haber seleccionado y trabajado con cientos y cientos de jóvenes titulados universitarios perfectamente preparados, los que se llevan la palma, los mejores, los que exhiben el prefijo extra-, de extraordinarios, en sis logros y realizaciones son aquellos que han tenido una formación fuera de sus hogares familiares desde más bien jóvenes, es decir, suelen haber ido a universidades que no estaban en sis lugares de nacimiento; y, sobretodo, aquellos que han tenido parte de su formación en el extranjero, mediante intercambios o programas de cualquier tipo como el de Erasmus.

Los profesionales que exhiben el prefijo extra-, de extraordinarios, en sus logros y realizaciones son aquellos que han tenido parte de su formación en el extranjero mediante intercambios o programas tipo Erasmus

Como dice mi buen amigo Fernando Maldonado en su atrevido, pero fresco y alegre, libro «Los Huevos de Colón», «el acceso de nuestros jóvenes a la universidad se produce de manera muy fácil y predeterminada por las notas de un bachiller memorístico incapaz de generar competencias, lo que, unido a la crisis actual del mercado de trabajo, hace que nuestros hijos se apunten a hacer un Master, lo que prolonga su estancia, poco formadora, (más bien deformadora) en la casa de papá y mamá, incrementando su dependencia hasta edades absurdas».

Siempre me gustó ese perfil de profesional que había sido estudiante viajero e independiente de su familia, porque luego no tiene problemas de irse a trabajar a cualquier parte del mundo, suele saber idiomas, tiene una visión más global , tiene mayor sensibilidad para apreciar y respetar la diversidad de todo tipo, sabe trabajar en equipo y se resuelve la mayoría de los problemas sin preguntar. Si de verdad nos creemos eso de que queremos ser competitivos, debemos mirar a los mercados y darnos cuenta de que necesitamos ese tipo de jóvenes bien preparados, denominados como young globalists, con experiencia internacional, con gran movilidad y competencias interculturales, , porque serán los futuros directivos capaces de utilizar todas las herramientas y tecnologías a su alcance para acceder a un mundo globalizado.

Pero también, necesitamos tener una amplia masa de adolescentes digitales o communitiens interconectados con el mundo a cualquier hora del día y de la noche y que actúan como auténticos colaboradores de un pool global de talento en el que crowsourcing y otras formas ingeniosas de gestión de inteligencia tienen mucho que aportar a las empresas del mundo.

Necesitamos a ese profesional de mente abierta, habituado al cambio y que es capaz de vivir en la incertidumbre de no tener un trabajo fijo

Además, ahora que el trabajo ya no es lo que era y cuando las organizaciones necesitan flexibilizar al máximo sus estructuras y trabajar por proyectos, necesitamos a ese otro tipo de profesional de mente abierta habituado al cambio y que es capaz de vivir en la incertidumbre de no tener un trabajo fijo; me estoy refiriendo a los que los anglosajones denominan In Betweens, profesionales que se mueven muy cerca de los freelances o trabajan por proyectos y que yo llamo modelo de Hollywood.

En definitiva, con Erasmus o con Orgasmus, o con los dos a la vez, este tipo de profesionales capaces de relacionarse y comunicarse con cualquiera y a cualquier hora del día o de la noche son los que necesitamos en España si queremos competir en un entorno global, virtual y mucho más complejo, en el que la preparación y «las ganas» son los ingredientes básicos del éxito profesional, el progreso empresarial y la mejora social.

Juan Manuel Casado González,

Presidente de 2.C (Casado Consulting)