Los expertos estamos de acuerdo. Hay tres tipos básicos de motivación: intrínseca, extrínseca y trascendental. Frederick Irving Herzberg se convirtió en uno de los hombres más influyentes del management por abordar como pocos – al menos para mí – un tema tan importante como crucial: la motivación. Es considerado el padre de la teoría bifactorial de la motivación. Según su tesis, lo contrario de «insatisfacción es «no insatisfacción». Distingue los factores extrínsecos, higiénicos o circundantes como el salario, políticas internas, la seguridad, etc., responsables e la insatisfacción o no insatisfacción, de los factores motivadores o intrínsecos, como la felicitación, el reconocimiento, el logro y el éxito, que son los responsables de la satisfacción o no satisfacción.

De este planteamiento se deduce que si deseamos crear condiciones de automotivación para nuestro personal, lo primero que debemos hacer es conseguir que los factores higiénicos no generen insatisfacción y que nuestros factores intrínsecos sean capaces de provocar satisfacción.

Pero como apuntábamos, existe la motivación trascendental que podríamos decir que es la más plena, que se le produce cuando hacemos alguna cosa por un tercero sin pedir ni recibir nada a cambio. Es la motivación más fuerte y realizadora en la que la persona busca lo que más conviene a los otros; es la motivación no egoísta, en la que lo que cuentan no son los intereses individuales, sino los intereses de los otros… de los demás.

Nuestra sociedad enseña a sus ciudadanos a trabajar, pero no a buscar trabajo, que es muy diferente

Quizá por ello, una de las cosas que más me ilusiona últimamente – o que más me «pone las pilas» si lo prefiere, porque es de las que me producen más satisfacción – es el papel activo que estoy teniendo en un proyecto que llevamos a cabo un grupo de profesionales seculares en la parroquia de nuestro barrio Nuestra Señora de la Vid, que está regida por padres agustinos muy comprometidos con el vecindario.

Se trata de un proyecto que hemos bautizado con el marketiniano nombre de TEJO (tutorías de Empleo para Jóvenes). El nombre ha sido puesto con toda la intención porque pretende aprovecharse de la metáfora que hace referencia al célebre juego en el que los chicos, para insinuarse a las chicas que les atraían, les tiraban trozos de tejas que había por las calles cuando los fragmentos de los tejados de las casas se caían. Nuestro proyecto persigue precisamente esto: que los jóvenes sin empleo aprendan a tirar los tejos, en este caso, a las empresas para que estás terminen «enamorándose» de ellos y les contraten.

En este proyecto enseñamos – quizá debería mejor decir intentamos capacitar – a la gente para buscar empleo. Les instruimos en cómo hacer un currículum, cómo diseñar un plan para atacar el mercado, cuál debe ser su elevator pitch, cómo preparar y hacer una entrevista, cómo debe ser un día en la vida de un buscador de empleo, cómo elaborar su plan de personal branding, cuál es su diferencia, etc.

El deseo fundamental de cualquier ser humano adulto es sentirse útil todos y cada uno de los días de su vida; y el trabajo es la mejor forma de hacerlo

Con más o menos éxito, llevamos ya dos años con esta iniciativa y me he dado cuenta de muchas cosas, algunas de ellas muy importantes como, por ejemplo, que a las autoridades locales, administrativas y políticas se «la trae al pairo» e ignoran, cuando no menosprecian olímpicamente, este tipo de iniciativas abanderadas por la sociedad civil – a pesar de que ellos desde sus acomodados sillones son incapaces de brimdar ninguna solución a los parados -, cuando este tipo de movimientos son esenciales para acercar a la Administración al ciudadano y auténticas joyas para la búsqueda de soluciones para los problemas complejos.

En segundo lugar, otra de las cosas de la que esta experiencia me ha hecho tomar conciencia, y que incluso es más importante que la anterior, es que nuestra sociedad enseña a sus ciudadanos a trabajar, pero no a buscar trabajo, que es muy diferente. Nuestro sistema educativo nos ayuda a manejar números y letras, a duras penas nos enseña un poco a relacionarnos, aunque no a actuar en equipo ni a gestionar nuestras emociones; nos instruye para que seamos capaces de pasarnos más de 40 horas semanales trabajando en una empresa, incluso nos prepara para resignarnos si el trabajo no nos gusta  gratifica del todo, o para soportar las posibles insolencias de los jefes tóxicos; pero, a lo que no nos enseña es a buscar trabajo. Nuestro modelo mental está preparado para tener un trabajo estable, pero no para cuando lo tenemos o lo perdemos. Como suelo de decir a nuestros jóvenes «el trabajo de buscar trabajo es el más duro que existe y además es el que peor pagado está».

Por ello, en el proyecto TEJO, en el que lo trascendental se impone en nuestra motivación, nos encontramos con muchos jóvenes, de distintos estudios o profesiones, cuyo denominador común es que ninguno tiene competencias, ni emocionales ni técnicas para buscar trabajo porque no se les han preparado para ello.

Por otra parte, algo parecido ocurre cuando la gente se prejubila de la empresa a una edad temprana. Es bastante común encontrarse muchos ex directivos, prejubilados o jubilados o ex compañeros de empresa que, con mediana edad – sobre los cincuenta o cincuenta y pico, en plena forma y cuando más experiencia tienen – se encuentran sin saber qué hacer porque ya no tienen una ocupación que les demande 10 horas de actividad diaria con más de cien emails y treinta o cuarenta llamadas. En más ocasiones de las deseadas, muchos de estos excelentes profesionales están aburridos de ir a jugar al golf, pasea, montar a caballo o pasarse las horas muertas en el gimnasio y se encuentran profundamente insatisfechos, vacíos y con una tremenda sensación de inutilidad prematura. Quizá porque, como aseguran las investigaciones de ARA (American Retirees Association), el deseo fundamental de cualquier ser humano adulto es sentirse útil todos y cada uno de los días de su vida; y el trabajo es la mejor forma de hacerlo.

Querido lector, según se está configurando el mercado y la organización del trabajo, cada vez más global, flexible, competitivo, individualizado, deslocalizado, discontinuo, etc., mejor sería que la sociedad y, por supuesto, su sistema educativo nos preparasen para gestionar de otra forma más positiva estas circunstancias, porque si no, seguiremos encontrándonos casos como los que hemos señalado, con mucha gente «que no tiene tiempo para nada», y a la vez, con otros «que no tienen nada para el tiempo» y que se encuentran mal y sin saber qué hacer… porque estas son las cosas que no se nos enseñan.

José Manuel Casado González

Presidente de 2.C (Casado Consulting)