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Las sombras del camino

By 26 junio, 2019 No Comments

Tenía muchas ganas de hacerlo. Hace tiempo que venía pensándolo, pero nunca encontraba la ocasión. Por fin este mes de junio he cumplido mi deseo: en compañía de un grupo de buenos amigos hemos hecho el famoso Camino de Santiago. Le aseguro que merece la pena. Al margen de las connotaciones religiosas, espirituales o creencias, por supuesto siempre respetables, que cada cual pueda tener, le garantizo que es una experiencia maravillosa altamente recomendable para todo el mundo; para cualquiera independientemente de su edad, condición, sexo, ideología y si me apuran, hasta religión.

Nosotros comenzamos en Sarria, un bellísimo pueblo de la provincia de Lugo y llegamos en cinco días a Santiago. Total cinco y según el Endomondo 126,600 km, 31 horas andando y no sé cuántos pasos. El tiempo nos acompañó y el resto de la diversión lo hizo el contexto. Un contexto maravilloso, con un clima magnifico, una vegetación única y unos paisajes que te envuelven y cautivan a cada zancada; pero lo mejor de todo, lo que hace la experiencia diferente, son las Sombras del Camino. No me refiero a las sobras que generan los árboles de esos bosques frondosos, en los que como en una paleta de colores verdes, forman un crisol de frescor, que se entremezclan con los tonos marrones cálidos del Camino, y que cuando uno las anda, en las últimas horas de la mañana del caluroso agosto, te refrescan el rostro. Me refiero más bien a esas otras sombras, que nadie ve pero que todos sienten, las que incitan y estimulan las emociones y que provienen de la actitud de las personas, -españoles o extranjeros,- que el camino iguala en su condición -sea rico o pobre, trabajador o directivo, alto o bajo, gordo o flaco- y procedencia y que caminan junto a ti.

Sombras y emociones

Son precisamente las personas las que hacen que este contexto sea verdaderamente estimulante porque los comportamientos y emociones dinámicas que se dan cita casi detrás de cada paso, son todas positivas. Alegría, confianza, generosidad, amor, compañerismo, camaradería, franqueza, sinceridad, desinhibición, comunicación, risas, cantos, saltos, energía, reto, pasión, respeto, ayuda, compartición de experiencias, alimentos y bebidas, etc. que contagian todo lo largo y ancho del Camino. Es frecuente coincidir con determinadas personas varias veces a lo largo del Camino -porque casi todos solemos hacer las mismas etapas- pero, aunque no te conozcas, te saludas con una sonrisa de oreja a oreja y el célebre dicho de “Buen Camino”, que es el saludo preferido y más practicado por todos los caminantes.

Algo que me pregunto, desde hace muchos años ya pero más después de hacer el Camino, es ¿por qué estas emociones dinámicas no pueden darse en un entorno como el empresarial en el que, por otra parte, nos pasamos gran parte de nuestra vida? Muy por el contrario, en el mundo del trabajo, es más frecuente encontrar emociones negativas, (incluso podríamos denominar mortales) como miedo, ira, apatía, estrés, ansiedad, hostilidad, envidia, avaricia, odio, desconfianza, arrogancia, diferencias, falsedad, traición, apropiación de ideas, faltas de respeto, etc. que provocan malestar y sufrimiento y crean un “contexto mortal” en el que la productividad es bastante peor de lo que lo que se podría conseguir y la felicidad brilla por su ausencia.

Seguro que habrá más de uno que cuando usted le hable de este blog y le mencione las Sombras del Camino, le digan que los que hicieron el Camino estaban hacinados en albergues, que se pegaban por una cama en los mismos, etc. Tal vez, ocurriera en alguna ocasión, desde luego yo no me encontré esos casos; igual es porque no estuve en albergues o porque quería ver la generalidad y no la particularidad. De todas formas, si alguien se lo dice igual es de un baluarte generador de las dichosas emociones mortales, de esos que hagas lo que hagas y digas lo que digas, siempre está mal.

Las emociones dinámicas son las que energetizan y movilizan las organizaciones.

Las emociones dinámicas son las que energetizan y movilizan las organizaciones, las que hacen que en el momento de la verdad, en el de generar valor, las personas se comporten reforzando la marca o deteriorándola en la relación con los clientes, empleados, accionistas, proveedores, etc.

Saber, querer, poder

Quiero recordar a mis queridos lectores que para que la gente haga las cosas que debe hacer y las haga bien; para conseguir el mejor rendimiento se necesita tres cosas: que sepan hacer las cosas (conocimiento), que quiera hacerlas (motivación) y que pueda hacerlas (contexto).

El contexto es esa parte frecuentemente olvidada y que depende del comportamiento de los líderes, del soporte y herramientas para que la gente pueda hacer las cosas, de la comunicación, de las asignaciones, de la estructura organizativa, de la cultura de la empresa, del sistema de rendimiento, del soporte al conocimiento…

Mi recomendación en esta publicación es precisamente que intente hacer como nuestros peregrinos crear sombras que ayuden a conformar un espíritu como el del Camino en el que la gente se lo pasé bien y alcance los objetivos con la misma alegría que te da esa etapa que cada día superas de manera divertida y apasionada con la ayuda del frescor de las Sombras del Camino.

José Manuel Casado González
Executive Managing Director2.C Consulting
Publicado por Capital Humano – www.capitalhumano.es