El sistema de pensiones -ideado en los años veinte del siglo pasado, cuando la gente vivía unos sesenta años de media- se tambalea, porque sólo en España el conjunto del Sistema Público supera ya los 9,7 millones de pensiones contributivas (9.733.234); un 1,24% más respecto al año pasado. La nómina mensual de pensiones de la Seguridad Social alcanzó los 9.644,34 millones de euros este mes de julio y el incremento interanual se sitúa en el 5,1%. 

Por otra parte, el aumento de la longevidad y la mayor demanda de servicios sanitarios por colectivos de edad avanzada (la edad es el factor que más peso tiene para determinar el gasto sanitario), hacen que el gasto sanitario público se dispare e incremente cada año. 

Pero este gran problema no puede ser solucionado solo por los gobiernos; se necesita la concurrencia de la propia sociedad civil, las instituciones y, por supuesto, y de manera especial, de la empresa. 

Es más, estoy convencido de que, actualmente, la principal responsabilidad social corporativa de cualquier compañía es colaborar activamente en la puesta en marcha de políticas preventivas que disminuyan la morbilidad de una fuerza de trabajo cada vez más envejecida; pero es que además, este tipo de estrategias corporativas son de las que generan mayor compromiso en los trabajadores; sin embargo, las investigaciones en esta materia demuestran que son pocas todavía las organizaciones en las que la salud y el bienestar de los profesionales son incorporados en los valores empresariales e incluidos entre sus prioridades estratégicas; es decir, actualmente existen deficiencias importantes en los esfuerzos de las organizaciones para desarrollar y ejecutar políticas integrales de gestión de la salud. 

Por otra parte, nos dirigimos hacia una empresa más cívica y social; es decir, a una organización cuya misión es combinar el aumento de sus ingresos y beneficios con la necesidad de respetar y apoyar el entorno y la red de stakeholders; por lo que tienen que escuchar, invertir y gestionar las tendencias que están dando forma al mundo hoy. Las compañías deben ver la longevidad y el envejecimiento como una oportunidad y, ya-según el informe The Global Human Capital Trends, 2018 elaborado por la consultora Deloitte,- alrededor del 20% de las grandes empresas se están asociando con trabajadores mayores para desarrollar nuevos modelos de colaboración. 

Si  está sentado agárrese a la silla, pero si está de pie siéntese para no caerse, porque la cohorte de edad de 55 a 70 años, que la legislación y la empresa ha expulsado del mercado de trabajo, supone nada más y nada menos que 900 millones de personas en el mundo, de los cuales hay 140 millones en Europa y casi nueve en España. 

Este dividendo de la longevidad, -y que supone un potencial de talento: experiencia, conocimiento y capacidades, desaprovechado- permite a las organizaciones abordar un problema social apremiante y aprovecharlo comprometiéndose con un conjunto más diverso de trabajadores; pero esto requiere prácticas y políticas innovadoras para apoyar carreras extendidas, y la colaboración entre líderes empresariales, trabajadores y gobiernos, para afrontar los desafíos compartidos del sesgo de edad y el déficit de pensiones.

Por todo ello, en esta publicación, les propongo comprometerse aún más con la mejora de la salud de sus profesionales y elaborar un plan de bienestar corporativo teniendo en cuenta todo el talento disponible; porque esta iniciativa, no es sólo una buena idea, sino un acierto para la mejora de resultados, ya que un mejor bienestar aumenta la esperanza de vida y en la misma medida tendrá que subir nuestra permanencia en edades avanzada en los trabajos con modalidades distintas a las tradicionales. 

Le daré algún dato más: los expertos aseguran que el estrés es la epidemia del siglo XXI porque afecta a más del 43 por ciento de los trabajadores y es responsable del 90 por ciento de las visitas al médico en edad laboral, los costes por enfermedades debidas al trabajo en Europa suponen entre el tres y el cinco por ciento anual del PIB; pero, también les avanzaré que ocho de cada 10 empresarios y/o directivos están preocupados por el estrés de sus plantillas; y no me extraña, porque se ha detectado una reducción del 78% en los días de baja por ansiedad, estrés o depresión en las empresas que llevan a cabo prácticas relacionadas con el bienestar.

El bienestar de nuestra gente es fundamental, no sólo para tener una sociedad más sana, sino también más productiva, barata y realizada. Actualmente, por sorprendente que parezca, se está hablando de bienestar de los empleados en todas sus dimensiones. Según Marilynn Barr -catedrática de Bienestar en la Southern Methodist University of Dallas-, ese concepto comprende, además de salud física, bienestar emocional e incluso espiritual. Para la doctora Barr, que imparte programas de bienestar para directivos, “el bienestar es mucho más que sentirse bien –físicamente- porque uno corre tres kilómetros cada mañana; supone tener unas relaciones sociales gratificantes; incluye aspectos emocionales, como saber manejar la tristeza o la ira y contempla una dimensión espiritual, que es la más importante, ya que implica encontrar significado y propósito en nuestra vida profesional y personal”. Porque las dimensiones del bienestar son: económico, social, emocional, físico y vital. 

Las nuevas tecnologías y la digitalización permiten ahora acercar mucho más el bienestar a los trabajadores. A través de nuevas tecnologías digitales los profesionales de cualquier compañía pueden acceder a contenidos saludables: informativos, vídeos relajantes o motivacionales, píldoras virtuales para rebajar el estrés, relajar cualquier parte del cuerpo, etc., dedicando una pequeña parte del tiempo diario. El mejor ejemplo, es Holistic Concept, una startup española que ha creado una plataforma para que las empresas puedan proveer salud. En esta compañía la plataforma registra la interacción de cada usuario, para poder estudiar su uso e impacto ofreciendo informes globales de cada organización. Gracias a estos datos, define objetivos para alcanzar resultados implantando una estrategia Wellness de calidad y duradera. 

No les entretengo más, pero les confieso que en estos momentos de cuestionamiento de la gestión y de reconsideración de paradigmas, ésta es una de mis principales preocupaciones, pero debería ser una de las grandes ocupaciones de la empresa y de nuestro gobierno si queremos reducir la brecha humana con otros países más competitivos. Estoy convencido de que las épocas de dispendio y gasto suntuosos en RR.HH. se han ido para no volver y, de que cada vez más, las inversiones de esta área de gestión de personas deberán estar más vinculadas a la mejora de la productividad; por ello, invito a sus responsables a asumir el reto del bienestar corporativo porque además ahora usted dispone de datos suficientes, puede medirlo y establecer una correlación entre bienestar personal, corporativo y productividad, e incluso, predecir el desempeño de sus empleados y de su compañía según edad y estado de bienestar.  

Suelo aconsejar a las organizaciones que aprendan a separar “la paja del trigo”; o, lo que es lo mismo, que distingan aquellos proyectos que sólo sean buenas ideas de aquellos otros que sean imperativos de negocio; es decir, esos que nos hacen perder el tiempo, nos dispersan, nos hacen gastar energía y dinero, de otros que- como en este caso- son imperativos de negocio porque, de ellos, depende nuestro futuro empresarial y social. 

José Manuel Casado González
Socio de 2.C Consulting
Publicado en Wolters Kluwer