Cambiará nuestra vida

Hoy lunes de Pascua, – confinado en mi casa, en una tarde preciosa y en la que, por los ventanales que, a modo de prisión, me ofrecen las mismas
vistas cada día desde hace ya más de un mes, se cuela un sol radiante que me regala, como ficción, la ilusión de una brizna de deseada libertad, me invade una sensación de dolor y pesar (a día de hoy llevamos 17.489 fallecidos y más de 26.000 profesionales sanitarios contagiados por el maldito COVID-19; las cifras más altas a nivel mundial por millón de habitantes), por los españoles que en estos días están perdiendo su vida o la de sus seres queridos- me dispongo a redactar este articulo para nuestros compañeros de AEDIPE, expertos como yo en gestión de personas y, por tanto, perfectos conocedores de las condiciones singulares de las conductas y la importancia de sentimientos y emociones de las personas como seres únicos y distintos.

Al margen del confinamiento extremo que, con la mayor humildad y despolitización de la interpretación, más que éxito, es un signo claro de fracaso de nuestros representantes públicos (sabe qué me pasa, pues que cuando les veo no hacen más que recordarme el Principio de Peter); sé que después de esta pandemia ya nada volverá a ser como antes. Como dijera este fin de semana Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, “vivimos el mayor cambio del orden global desde la Segunda Guerra Mundial”; y yo estoy convencido de ello. Una de las cosas, o consecuencias positivas, que esta lamentable crisis anticipa como cambio para el futuro, y que muchos trabajadores del conocimiento venimos haciendo desde hace años, es el teletrabajo. Aspecto al que, si mis sentimientos me lo permiten, pretendo dedicar el resto de este artículo.

De pronto, y aunque un ocho por ciento de la población trabajadora ya lo hacía antes de esta trágica situación, durante esta crisis el teletrabajo se ha dado por obvio. Santander, Mapfre, Telefónica, Iberdrola, Nestlé, Aon, EY…y un largo etcétera, son algunas de las grandes empresas que, desde hace casi un mes, tienen a todos, o a buena parte de sus empleados, trabajando desde casa.

En la mayoría de los casos el teletrabajo no les es ajeno ni nuevo, pero si es la primera vez que gestionan a toda la plantilla en remoto o de manera
virtual. Pero para que estas nuevas formas de organización del trabajo puedan consolidarse en el futuro, tendremos que superar ciertas barreras culturales que se daban en nuestro país; aunque puede que esta dramática situación ayude a ello.

Barreras y mitos en el teletrabajo

La principal barrera es el desconocimiento sobre la forma de gestionar dichos equipos, ya que representa un cambio de paradigma (seguimiento de objetivos y metas intermedias versus seguimiento mediante presencia física, nuevas formas de liderar equipos virtuales distribuidos, evaluar, formar, desarrollar, etc.) que genera falsos mitos sobre la complejidad de su implantación:

  • La asociación directa con el teletrabajo. La implantación y gestión de equipos virtuales no están directamente relacionadas con la implantación del teletrabajo, aunque éste sí puede formar parte de una estructura de equipos virtuales. En general, la composición de los equipos virtuales está formada tanto por teletrabajadores como por pequeños grupos de profesionales especializados trabajando desde diferentes localizaciones de la propia organización o, incluso, desde telecentros.
  • La tendencia a pensar que la implantación de equipos virtuales está condicionada a grandes inversiones en tecnología. Afortunadamente, muchas de estas tecnologías son abiertas, están en la “nube” y ya son gratis, o casi gratis. Obviamente, la tecnología es necesaria, pero debemos considerarla como un medio imprescindible y nunca como un fin en la virtualización de equipos de trabajo.
  • La productividad y los resultados van asociados a la presencia física. Contrariamente a lo que pueda parecer, los equipos virtuales tienden a ser más productivos ya que se favorece la flexibilidad y el trabajo por objetivos, así como la reducción en desplazamientos y viajes. En el caso de empresas globales, podríamos hablar, incluso, de una jornada de trabajo “global” de 24 horas frente a una “local” de 8 horas.

El reto del teletrabajo

El principal reto tiene que ver con reorganizar el hogar, la familia y los propios hábitos y rutinas de los profesionales. Se trata de adaptar los hogares para reorganizar el espacio de trabajo, así como educar a la familia para respetar los tiempos de trabajo (le confieso que sigue siendo muy difícil hacer entender a los niños pequeños que deben actuar de una forma u otra); pero, de igual forma, cada trabajador debemos aprender a diferenciar, un contexto al que no estamos acostumbrados, entre tiempo de trabajo, ocio y familia.

Estoy persuadido de que el teletrabajo ha llegado para quedarse y, aunque lo ha hecho como consecuencia de una situación indeseada, puede constituir una oportunidad a futuro en la medida en que contribuya a impulsar nuevos modelos de organización del trabajo y una cultura centrados en la responsabilidad personal, la autonomía, la eficiencia y la conciliación. Para que ello sea un éxito, debemos considerar tres aspectos fundamentales:

  • Capacidades. Asegurar un conocimiento alineado en la empresa de las herramientas que soportan el teletrabajo, avanzando en la profundización de sus prestaciones. Sin olvidar un aspecto no baladí, como es el de enseñar y “educar ” a todos los profesionales a reaprender a trabajar desde el hogar, saber conectar y desconectar, establecer horarios y rutinas, crear un entorno de trabajo cómodo, compartir lo que se hace, etc.
  • Actividad. Facilitar la incorporación de su uso en la actividad, en todos los niveles de la empresa, aportando respuestas a consultas o dudas en el momento de necesidad; es decir, la compañía debe desarrollar un apoyo integrado al rendimiento en remoto.
  • Productividad. Con perspectiva de futuro, establecer cuál es el ecosistema de medición de resultados y de herramientas para el teletrabajo que mejor responden a las necesidades de la empresa.

En fin, creo que el maldito Covid-19 removerá muchas barreras culturales y sociales que frenaban el salto definitivo a internet y una será, sin duda, el teletrabajo; la pandemia es solo el inicio, pero, nos guste o no, el teletrabajo cambiará nuestras vidas.

José Manuel Casado González
Presidente 2.C Consulting
Julio 2020, AEDIPE